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Historia de todos los días es un blog personal, la idea es subir relatos creados por mi persona, de diversos generos. Espero que sepan disfrutarlos y que les cause el mismo placer al leerlo que a mi al escribirlo.
Rex Alemán

Historia de Todos Los Días

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Sucesos diarios expresados en tinta
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martes, 17 de agosto de 2010

El Sabio de la vida.

¿A quien debo yo agradecer este bonito regalo que la vida me dio? Es que macho, cuando uno anhela ciertas cosas y se cruza un “sabio” en tu camino que ha recorrido lo que deseas, tranquilamente se podría empezar a creer en el destino.

Cuenta esta historia que un fin de semana largo de Agosto de algún año, un personaje de la vida recorrió 1200 kilómetros en avión para ir a visitar a parte de su familia que vivía al sur de su país. Ésta familia que acabamos de mencionar, estaba compuesta por una prima junto a su pequeño hijo, además del marido de ella y sus dos hijos.

Según se comenta en aquellas viejas anécdotas familiares, la prima era aquella que cambiaba los pañales del personaje cuando éste todavía no sabía hablar. Y el pequeño hijo, según los grandes, guardaba internamente una admiración poco vista en algún otro momento. Tan grande era la admiración que las abuelas siempre caían en las simples comparaciones de gestos, palabras, y otras yerbas que solamente ven las abuelas.

Gustavo era el nombre del personaje en cuestión, y Lucas aquel que lo admiraba secamente.

El primo mayor había anunciado su llegada a los pagos patagónicos (Y si, vivían en la Argentina, ¿Dónde más?) cercanas las 9 de la mañana. Y como todo buen admirador
, el crío había prometido estar con 10 minutos de anticipación en el aeropuerto de la ciudad.

Como todo personaje, Gustavo de alguna manera tenía que dar el puntapié inicial de un fin de semana para la historia, y llegó a destino aproximadamente 25 minutos antes de lo acordado. Por ende, hizo madrugar al muchacho para que este accediera a buscarlo, en palabras simples, al pedo.

Tras el desencuentro, Lucas llegó a su casa y empezó la aventura. Con 10 minutos de charla, y una pregunta clave, el pibe supo que había allanado el camino para todo el fin de semana que se venía y de paso cañazo iba a endulzar sus oídos con anécdotas inmejorables. Todo estaba preparado, pero siempre surgen imprevistos…

La noche iba a empezar temprano, Lukitas iba a ir a pegar una vuelta típica con sus amigos, y luego acudiría al rescate de su primo para pegarse el instalazo del año en alguna guarida libre. Todo iba viento en popa. Hasta que llegó a su casa. El primo Gustavo había estado toda la tarde descompuesto, y la juntada nocturna no iba a ser posible, al menos hasta el otro día.

Y, como diría algún mafioso, todo pasa. Y pasó el viernes, y llegó el sábado, el sábado a la noche para ser más precisos. Luego de ducharse, el gurrumín colgó mirando tele, y el personaje de la vida subió las escaleras para empezar con su “tutoría de vida”. El primer consejo fue claro: “A mi tambien me pasaba lo mismo, pero existen unas gotitas que se llaman Irix y te hacen zafar tranquilo. Quedate tranquilo que bailamos la misma milonga.”. Cortita y al pie, como dirían los manuales de otras de las pasiones que tienen en común, el Fútbol.

Entre risas, cosa común del fin de semana, bajaron y se alistaron en la mesa para continuar con la cena familiar. En ella se encontraba Malén, la hermana más grande (No de sangre si no de alma, vio) de Lucas e hija de Rubén, el marido de Claudia, la prima más grande, y éste le advirtió “Él – señalando a su primo – juega para nosotros, así que no te preocupes.”

Continuó la cena, llena de anécdotas contables, y llegó la hora de que los jóvenes partiesen. En taxi era la cuestión. El destino? La casa de Malén y de Axel, con La manada de siempre. Si bien faltaban pibes, estaban los 3 compinches de Lukitas. Los 4, por lo general, se mueven para todos lados juntos.

Al llegar a destino, ya con la costa libre de moros, llegó el instalazo en la cocina. Y entre toque y toque, las anécdotas florecían de su boca como saltan las truchas al amanecer con la luz del sol. Mientras tanto, los presentes lo único que hacían era oír.

Es que era tal la admiración que causaba, que como todo gran sabio no necesitaba elevar demasiado la voz para generar el silencio en sus alrededores y poder explayarse con total normalidad. Contando su vida, claro, pero que para los demás era sinónimo de aventura.

Así, entre risas, historias, cuelgues y otras hierbas, pasó la primera noche. Un tanto desaprovechada, porque entre tantas historias, las curiosidades aparecían a flor de piel y con las preguntas normales que haría cada uno, las anécdotas se cortaban a un ochenta por cien. Pero no es momento para lamentarse, seguí leyendo…

Domingo que te quiero Domingo ya había llegado, y como buen fin de semana largo, más que Domingo parecía Sábado. La banda del Consorcio llamó a Lucas para ir a dar un vueltón, típico de fin de semana. Y éste, como todos los fines de semana, accedió.

En casa no había noticias de Gustavo. Había ido a almorzar tempranamente con sus otros familiares de los pagos Patagónicos, y no había regresado aún. Raro, pero normal en un personaje de la vida.

Cuando el pibe se dirigía a la parada a abordar el colectivo que venía en camino, como si apareciera de las sombras, Gustavo se le acercó sonriendo y le comentó con mitad cara de asombro y mitad cara de risa “Qué haces
vos por acá?”. Lucas, sorprendido por la pregunta, retrucó - “Qué haces vos acá? Yo me voy a tomar el cole, me voy con los pibes te prendes?”. A lo que el mayor le dijo que prefería ducharse y descansar un rato, pero que a la noche se juntaban a cenar en familia y después veían que pintaba.

Dicho y hecho, cercano a las 22 30, Lucas se arrimó con Axel a un restaurante de pastas cercano al centro de la ciudad, y volvieron a disfrutar de una cena cargada de anécdotas y risas.

Desde el vamos, la cena arrancó con un toque de distinción especial. Al llegar, los descansos de Gustavo hacía los más pequeños eran cuasi constantes, pero siempre con buena leche y una carcajada por detrás.

Apolonio mayor lo definió como “Una biblioteca caminando” por la cantidad de anécdotas vividas. Y creéme que fue la definición perfecta.

Tras tanta risa, y tanta charla, la noche parecía que llegaba a su fin. Prima Claudia se quería llevar a Gustavo a casa a toda costa, es que no entendía mucho como su “Primo más adorado” pasaba más tiempo con su hijo que con ella. Pero como todo personaje de la vida, siempre hay un as bajo la manga. Gustavo salía a las 6 de la mañana nuevamente para Buenos Aires, y no había muchas opciones para pasar un buen rato nuevamente.

Tavin, como lo llaman algunos de sus amigos,se acercó a Lucas y le dijo –“Escuchame nene, da para ir con ustedes a donde vayan y después yo me tomo un taxi para tu casa?”. Claro está que la respuesta fue más que positiva y las últimas historias no iban a quedar en el tintero.

Si bien Claudia mucho no entendía, aceptó la propuesta de que Gustavo llegará un poco más tarde, y los dejó enfilar tranquilos…

Al llegar a lo de Seba, los “Elementos Nocturnos” estaban desparramados, y como la plata escaseaba, la única alternativa que quedaba era ir caminando. Así, enfilaron los tres familiares más Sebita para el mítico Consorcio. En otra caminata llena de anécdotas.

No había energizante para caminar sin pesadez, eso era un problema. Pero como todo personaje de la vida, Gustavo cuando no tenía un as bajo la manga, saltaba con el 7 de espadas. Con la motivación a pleno y envolviéndolos en historias casi perfectas, la caminata se hizo corta… Demasiado corta quizá.

Entre recitales, juntadas, idas a la cancha, viajes y alguna que otra voltereta, el primo más grande se había explayado con comodidad y dando una mini lección en cada palabra.

Así llegaron a la casa de Lucas, y tras despedirse de todos, el personaje encaró para adentro, y el primo pequeño, quizá con una tristeza interna más grande de lo que se notó, se fue caminando con sus amigos para el barrio. Y mientras tanto, certificaba que como todo sabio, el fin de su primo no era enseñar, pero lo hacía en todo momento.

Ya pasó el fin de semana, ya pasaron las anécdotas que en papeles no se pueden volcar. Ya pasaron las 72 hs. donde el máximo exponente de una vida deseada iba a compartir con su primo más pequeño algunas vivencias para que este recogiera experiencia. Pasó en lo físico, es cierto, el tiempo pasa a cada segundo y es imposible de detener. Pero te juro que para Lucas, ese fin de semana, todavía no pasó… todavía lo sigue aprendiendo.

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