Vivir a millones de kilometros, generalmente, causa internamente un vacio enorme... y piense usted, como sería hace cuarenta años, cuando la tecnología no existía y los llamados telefónicos parecían un contacto inter espacial...
Corrían los finales de los '60, mas precisamente el año '68, mis padres habían fallecido hacía 6 meses, todavia costaba recuperarse del golpe. Mis hermanos tenían un plan que no coincidía con lo que yo tenía en mente.
Dos meses después de la muerte de mis padres, como si ellos me la mandaran del cielo, conocí a Isabel, el gran amor de mi vida, aunque solo la haya visto 7 meses y me faltara mucho por conocerla.
Sin nuestros padres, tanto a mis hermanos como a mi nos costaba mantenernos, y ellos sostenían que en Europa podría esperarnos una nueva vida. Inglaterra era el destino, mas precisamente la ciudad de Manchester; aprovechariamos un barco que partiría repleto de Argentinos con motivo de llegar a la ciudad inglesa para presenciar la final de la Copa Intercontinental entre el United local y el Estudiantes de nuestra ciudad.
Como había mencionado antes, conocí a Isabel, la hija de Gregorio Loralpo. Este señor, era enemigo público de mi padre; por ende, la relación entre "La Isa" y mi persona se vio afectada desde un principio. Nuestro primer contácto fue en la plaza central de la Ciudad; fue raro pero su mirada me impactó desde un primer momento.
Tardamos 10 días en formalizar el noviazgo,pero cuando lo hicimos, todo fue viento en popa... contrariamente a lo que pensabamos. Tanto es así, que estabamos dispuestos a subir al altar, ¡Si hasta habíamos acordado la fecha y todo! iba a ser el 7 de Enero del año siguiente. Pero mis hermanos me avisaron para el 20 de noviembre, que dentro de una semana partiríamos hacia el viejo continete, "Lindo regalo de cumpleaños" pensaba yo...
Mi decepción fue tan grande que nunca supe como afrontar la situación, y menos que menos ir a decirle a "La Isa" con todos los sueños que teníamos, ¡Iba a odiarme de por vida!
27 de Noviembre de 1968 - Adios Argentina: Era Lunes por la mañana, amaneció gris con el cielo llorando una garua finita, caminamos con nuestras maletas hacia el puerto pero antes de llegar decidí desviar el camino para pasar por el correo y depositar mi despedida hacia mi amada.
Al mes y medio llegamos a la triste Inglaterra, que nos recibió con el mismo clima que nos despidió nuestro País. Durante el viaje escribí diariamente 2 o 3 cartas para Isabel. Al llegar a destino, recolecté todas las hojas que tenían mis sentimientos plasmados en algunas palabras, y decidí enviarlas hacia el lugar de residencia de mi muchacha.
Así pasaron los días y aguardé la respuesta desde Buenos Aires, esa respuesta que hoy ya en el siglo XXI sigo esperando... Siempre consulto con mi conciencia si me habrá odiado, si le habrán llegado mis cartas, o si simplemente se olvidó de mi.
Mientras esperaba la contestación, mi vida siguió su curso, trabaje en una fábrica, creé mi propio emprendimiento, gané mucho dinero, compre autos, tuve joyas, mansiones y demás lujos... Pero nunca, nunca puede ser feliz al 100 por 100
Hoy, con mi vida llegando a su fin, pude darme cuenta de que ese vacio interior que sentía al haber perdido a "La Isa" no lo iba a poder llenar con plata, propiedades, coches, viajes, y todo lo generoso en torno a lo material. Los lujos no brindan una felicidad absoluta, y yo me quede sin ella por no atreverme a enfrentar a mis hermanos y así expresarles que quería volver, y que junto a ese regreso quería jugarme por ser felíz.
Es por eso, que con mi humilde experiencia aconsejo que pase lo que pase, tengas lo que tengas, hay que jugarse por ser feliz... Porque sin lugar a dudas, la vida es corta, ¡Y hay que disfrutarla!

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